Jueves, 12 Mayo 2016 07:14

Concurso Coca-Cola relatos breves

El pasado mes de marzo se llevó a cabo el Concurso de Coca-Cola de relatos breves en castellano y catalán. A continuación las alumnas de 2º de ESO seleccionadas para participar nos cuentan sus experiencias:

Clara Gómez:

Mi experiencia fue genial. Adoraba escribir los relatos para el colegio, pero fue aún mejor cuando me dijeron que iría al concurso. Fue genial cuando leí mi relato en el periódico.

El día que fui al concurso estaba muy nerviosa, así que me levanté a las siete y media de la mañana. Mi madre me acompañó hasta el instituto y entró conmigo en el aula. Cuando entré me senté en la primera silla que vi. En la mesa había hojas, un boli, una coca-cola y el estímulo en una caja blanca. Me puse muy nerviosa y no ayudaba estar media hora delante de la caja sin saber cuál era el estímulo. A las diez nos dejaron abrir el estímulo, una caja de música, nos dieron dos horas para escribir y nos dejaron cambiar la bebida. Una hora después, terminé mi relato y lo entregué. Al terminar te dejaban quedarte con el estímulo, el boli y te daban una camiseta y una bebida.

Aunque estaba nerviosa, me lo pasé muy bien. Sin duda una experiencia que volvería a repetir.


Cira Pérez:

No sabía de la existencia de este concurso hasta que mis profesoras, tanto de catalán como de castellano, nos anunciaron a mi clase y a mí que participaríamos en el concurso. A mí me emocionó la idea.

María (mi profesora de castellano) nos avisó de que vendrían a darnos una charla para darnos consejos sobre cómo empezar un relato corto. Vino una chica llamada Vanesa y un escritor.Es cierto que ver a un escritor y saber que ese hombre ha conseguido trabajar de tu pasión y saber que él ha pasado de escribir en su tiempo libre para que sea su trabajo… impone. Muchísimo.

Era principios de enero cuando María y Marga (mi profesora de catalán) nos dijeron que quienes quisieran presentarse tenían que entregar algún relato.¿Y por qué no? No perdía nada intentándolo, pero no ganaba nada si no lo hacía. Y, sí, fui elegida en las dos categorías. Un gran alago para mi.

En febrero o marzo, nos anunciaron que íbamos a participar a dos compañeras mías y a mí. Y yo las acompañaría a las dos. Fui seleccionada antes de catalán, pero hubo un fallo técnico con otros posibles candidatos al relato de castellano, y María decidió mandarme a mí. El diario “Última Hora” publicó mis dos relatos. Mis padres están muy orgullosos de mí, y yo de mí misma.

El sábado 9 de marzo, fue la prueba de castellano. Había que estar en la puerta de Ramon Llull a las nueve y cuarto para mostrar la documentación. Posteriormente, nos iban organizando en aulas con pupitres separados como si hiciéramos un examen. Estaba muy nerviosa. Poco después de mostrarnos el objeto de inspiración (una caja de música), empecé a redactar un relato.

Mi relato trataba de una niña llamada Alicia que cumple sus sueños tras la muerte de su madre y la depresión de su padre. Utilicé como metáfora a esta niña, refiriéndome a que todos podemos superar las dificultades si nos lo proponemos y utilicé la técnica “in media res” para narrar la historia.

Salí a la hora, ya que la sala era muy tranquila y todos estábamos muy concentrados. Hasta nos ofrecieron la bebida que quisiéramos. A la salida, me recogieron el relato y me regalaron una camiseta de Coca Cola.

El relato de Catalán, lo realicé el sábado 16 y me encontraba en frente de la puerta del Ramon Llull a la misma hora entregando los documentos necesarios para mi participación. Se repitió el mismo proceso de entrada y el de salida que el día nueve. En esta ocasión nos tocó una clase con mucho jaleo. La inspiración esta vez fue una bombilla y no tenía mucha idea de qué escribir. Así que volví a sacar mi lado filosófico.

Utilicé la bombilla como una comparación con las personas, diciendo que cada persona es una bombilla. Cada recuerdo, momento bonito hace que brillemos más y cada dolor o momento malo hace que sea lo contrario. El niño en este relato se llamaba Oliver y vivía con su abuela porque sus padres no podían mantenerle. Oliver tenía una olivera que había plantado junto a su abuela y él apreciaba tanto a su abuela como al árbol. La abuela se “apagó” como una bombilla y Oliver se negó a irse, y se quedó viviendo en la olivera escribiendo libros sobre su amada abuela. Pasaron años y él se hizo un famoso escritor gracias a todas las metáforas y enseñanzas que le había enseñado su yaya.

 



No sabía de la existencia de este concurso hasta que mis profesoras, tanto de catalán como de castellano, nos anunciaron a mi clase y a mí que participaríamos en el concurso. A mí me emocionó la idea.

María (mi profesora de castellano) nos avisó de que vendrían a darnos una charla para darnos consejos sobre cómo empezar un relato corto. Vino una chica llamada Vanesa y un escritor.Es cierto que ver a un escritor y saber que ese hombre ha conseguido trabajar de tu pasión y saber que él ha pasado de escribir en su tiempo libre para que sea su trabajo… impone. Muchísimo.

Era principios de enero cuando María y Marga (mi profesora de catalán) nos dijeron que quienes quisieran presentarse tenían que entregar algún relato.¿Y por qué no? No perdía nada intentándolo, pero no ganaba nada si no lo hacía. Y, sí, fui elegida en las dos categorías. Un gran alago para mi.

En febrero o marzo, nos anunciaron que íbamos a participar a dos compañeras mías y a mí. Y yo las acompañaría a las dos. Fui seleccionada antes de catalán, pero hubo un fallo técnico con otros posibles candidatos al relato de castellano, y María decidió mandarme a mí. El diario “Última Hora” publicó mis dos relatos. Mis padres están muy orgullosos de mí, y yo de mí misma.

El sábado 9 de marzo, fue la prueba de castellano. Había que estar en la puerta de Ramon Llull a las nueve y cuarto para mostrar la documentación. Posteriormente, nos iban organizando en aulas con pupitres separados como si hiciéramos un examen. Estaba muy nerviosa. Poco después de mostrarnos el objeto de inspiración (una caja de música), empecé a redactar un relato.

Mi relato trataba de una niña llamada Alicia que cumple sus sueños tras la muerte de su madre y la depresión de su padre. Utilicé como metáfora a esta niña, refiriéndome a que todos podemos superar las dificultades si nos lo proponemos y utilicé la técnica “in media res” para narrar la historia.

Salí a la hora, ya que la sala era muy tranquila y todos estábamos muy concentrados. Hasta nos ofrecieron la bebida que quisiéramos. A la salida, me recogieron el relato y me regalaron una camiseta de Coca Cola.

El relato de Catalán, lo realicé el sábado 16 y me encontraba en frente de la puerta del Ramon Llull a la misma hora entregando los documentos necesarios para mi participación. Se repitió el mismo proceso de entrada y el de salida que el día nueve. En esta ocasión nos tocó una clase con mucho jaleo. La inspiración esta vez fue una bombilla y no tenía mucha idea de qué escribir. Así que volví a sacar mi lado filosófico.

Utilicé la bombilla como una comparación con las personas, diciendo que cada persona es una bombilla. Cada recuerdo, momento bonito hace que brillemos más y cada dolor o momento malo hace que sea lo contrario. El niño en este relato se llamaba Oliver y vivía con su abuela porque sus padres no podían mantenerle. Oliver tenía una olivera que había plantado junto a su abuela y él apreciaba tanto a su abuela como al árbol. La abuela se “apagó” como una bombilla y Oliver se negó a irse, y se quedó viviendo en la olivera escribiendo libros sobre su amada abuela. Pasaron años y él se hizo un famoso escritor gracias a todas las metáforas y enseñanzas que le había enseñado su yaya.

 

 

 

Publicado en Secundaria